Hablemos de adaptaciones a un nuevo año escolar

Los chicos ya empezaron las clases y sentimos que algo se va empezando a acomodar, pero los tiempos de las adaptaciones son otros… Por mucho que se intente un formato de adaptación común para todos, cada niño tiene sus particularidades y sus tiempos. Todo este proceso implica la puesta en juego de los recursos y posibilidades de cada niño y eso es lo que lo hace tan singular y único.

El ingreso a una nueva institución o el cambio del maternal a un colegio (pueden leer esta publicación que escribí sobre el tema) tiene sus particularidades y cada niño construye un modo de enfrentarse a lo nuevo. Sea en jardín o en primaria, año a año cada niño, cada docente y cada familia deben conocerse y si es posible, encontrarse. Ya que menciono los tiempos de la primaria, el ingreso a primer grado lleva también una gran adaptación: a un formato nuevo, a nuevas responsabilidades, a sentirse un poquito grandes y al mismo tiempo los más chicos del cole.

Sea cual fuera la situación, construir un vínculo con las personas y con los lugares, lleva tiempo. Esa es una de las razones de la existencia de estos tiempos y rituales de inicio: cada nuevo año, niños y adultos deben conocerse y desplegar sus posibilidades de adaptación a lo nuevo. Por eso quiero repasar algunas nociones que tal vez les suenen conocidas. El genio de Jean Piaget estudió la evolución del conocimiento y basó gran parte de su teoría en los conceptos de asimilación, acomodación y adaptación. No es casual el uso de estos términos en el comienzo de todo ciclo escolar. Si bien él no hablaba de los aprendizajes que suceden dentro del ámbito escolar, nos sirve para plantear aquello sobre la intervención de varios factores en todo proceso de aprendizaje. Hay algo propio del entorno, la escuela y sus reglas y algo propio de cada niño con su bagaje de experiencia y conocimientos previos. Un poco el niño y lo que trae (las experiencias y conocimientos previos); un poco el lugar, el aula con sus estímulos y materiales; un poco el entorno, los compañeros y docentes; y otro poco su realidad, la familia. Todo eso construye una modalidad de acercarse a los aprendizajes (y a los lugares en los que los aprendizajes suceden).

Tomo el término de trayectorias educativas, para tomar dimensión de la importancia de cada paso en el camino de la escolaridad. Hace referencia también a armar la escena educativa, en un tiempo, en determinados contextos, desde historias particulares, para vivir verdaderos encuentros entre personas y con los aprendizajes.  Para poder situarnos en un tiempo que va mucho más allá de la inmediatez propia de esta época, para tomar conciencia que en cada paso se construye un camino y un modo de andar en la vida, para dar lugar a diversas realidades y subjetividades, para poder pensar la educación desde la inclusión. Hablar hoy de educación nos obliga a pensar desde la diversidad, implica descentrarse y mirar y hablar desde un compromiso con las infancias.

Tal vez sea necesario hoy, más que nunca antes, ubicarnos desde un lugar comprometido con la infancia, un lugar que ayude a construir lo escolar desde una nueva temporalidad. Un lugar que implique a los adultos a tomar responsabilidades, para hacer de los años de educación de nuestros hijos, una etapa hermosa para vivir y acompañar. De la mano, con sostén, con seguridad, con un vínculo seguro. Con CONFIANZA. Eso es clave en todo proceso de inicio escolar.

CONFIANZA. En nuestros hijos y en la institución educativa que elegimos.  Para que de las experiencias escolares, los niños puedan construir aprendizajes significativos para toda la vida.

Tiempos, encuentros y confianza. Son las palabras centrales para pensar la escolaridad y el período de adaptación e inicio de un nuevo año escolar.

Por un año de lindos aprendizajes!!

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