Maritchu Seitún y la crianza desde el amor

No hace falta recorrer demasiado la web para encontrar miles de consejos con métodos de crianza y relatos de vivencias personales siguiendo determinadas teorías. Es interesante observar la gran cantidad de oferta que hay en torno a la maternidad, la paternidad y la crianza.

Quiero aprovechar este espacio del blog que me permite una mayor extensión en cada tema, para desarrollar algo de lo que ya venía hablando en las redes sociales: la maternidad y paternidad de nuestro tiempo y los estilos de criar.

En esta oportunidad, cuento con el acompañamiento de una Psicóloga de renombre en temas de crianza, especializada en atención de niños y orientación a padres, Lic. Maritchu Seitún. Gracias por la confianza y por compartir tus palabras aquí!!

Para empezar, me gustaría destacar algo que se me fue develando en mis años de experiencia en el acompañamiento del desarrollo de muchos niños. El trabajo con niños pequeños, devuelve una cierta riqueza… saber escuchar, saber cuándo hablar y saber qué decir y qué hacer en cada caso, nos hace adoptar una postura flexible, sin pararnos en un lugar de certeza y saber absolutos. Estar a diario con niños, permite de algún modo descentrarse y darnos cuenta que de nada sirve querer imponer un estilo, una teoría, una visión… ser permeable y abrirse a la escucha, al juego y al devenir de cada encuentro. Por eso, no me gusta para nada aplicar la palabra “tips” a temas que tienen que ver con la crianza y la infancia. Habría que buscar la forma de que esa palabra esté revestida de más seriedad… porque suena a algo infalible, que funciona siempre. Hasta por momentos pareciera que esa idea se antepone al vínculo tan importante de una madre con su hijo. Eso que se comparte como si fuera un consejo, se termina colando en la posibilidad, tan subjetiva y personal, de generar una conexión espontánea, una relación amorosa con los hijos. Y así, eso que se cuenta desde la experiencia y se empodera como infalible, se termina instalando como exigencia. Justamente, la construcción de un vínculo amoroso no tiene nada que ver con la exigencia.

En un intercambio de charlas virtuales, Maritchu me compartió estas palabras sobre el tema: “Coincido plenamente con vos: nuestro objetivo es que los padres miren, vean, escuchen, sigan a su hijo y confíen cada vez más en su capacidad de saber lo que le pasa y cómo acompañarlo.  Determinadas recetas preconcebidas pueden apartarlos de SU hijo con SU llanto, SU tozudez, SUS enojos desmedidos, SU sensibilidad, etc. Quizás con nuestra experiencia y desde afuera de la situación, podemos dar luz a algo que ellos no vieron, o a una interpretación que no se les ocurrió, o ayudar a comprender el motivo de una conducta, de modo que los padres, con más herramientas, encuentren su respuesta para este hijo en particular en estas circunstancias y en esta edad.” 

Se habla sobre el chupete de moda, ese que tiene poderes mágicos, sobre el cochecito último modelo que te traslada sin escala al espacio (porque parecen naves espaciales), o el método perfecto para dormir a los hijos (como si no fuera cierto que muchas veces los padres dormimos pésimo!), o los juguetes que garantizan la inteligencia de los pequeños (?), o la mejor pedagogía del mundo… Déjenme decirles que nada, o muy poco, de lo que en estos tiempos se promociona como innovador en cuanto a educación, es verdaderamente nuevo. Las modas en pedagogía cambian como va cambiando la historia, de un modo cíclico, en un ir y venir de actores principales. Y sin pedir permiso, se meten en la vida cotidiana miles de “tips”, que no entienden de distintas realidades culturales y socio- económicas, de diferencias subjetivas ni del particularísimo vínculo de cada padre con su hijo.

La cuestión es que si estos “tips” que se comparten y se recomiendan tienen como intención aflojar las exigencias y darle curso a la intuición, termina sucediendo lo contrario. Los mismos espacios que trasmiten mensajes de tolerancia, son quienes imponen estándares de acción elevados, instalando la competencia. Aún con toda la buena intención de ayudar (la que muchas veces está teñida por un beneficio secundario), se termina fomentando el consumo y se genera un mensaje contradictorio.

Al respecto, Maritchu me decía: “Es importante que estemos atentos a las “piedritas de colores” que nos propone la sociedad de consumo. Las empresas gastan fortunas en convencernos de que nuestros hijos necesitan tal o cual cosa para ser felices, para ser más inteligentes. Los niños son el nuevo target para ellas, porque se dieron cuenta de que los padres estamos dispuestos a gastar, y mucho, en nuestros niños.”

“Menos exigencias, más amor” decía yo en aquel post que compartí en las redes sociales. Porque ni el mejor producto por consumir del mundo, va a hacer más A-M-O-R-O-S-O el vínculo con los hijos. Y no me meto ahora a analizar los tipos de juguetes o dispositivos electrónicos en creciente auge; aunque no duden que tengo una postura tomada al respecto. El tema aquí es si todo ese consumismo aporta algo… ¿y si nos conectamos con el amor, en lugar de hacerlo con el consumo?

Maritchu comparte una premisa para recordar: “Presencia y no presentes es una buena fórmula para recordar. Los chicos se acostumbran a tener cosas en lugar de la presencia amorosa de sus padres y parecen (y creen estar) contentos, pero la realidad es que los vínculos se construyen en presencia, y con tiempo…”

Si recordamos los primeros días de internación luego del parto, tal vez pueda ayudar a pensar lo que quiero decir. Construir un vínculo con ese bebito que acaba de llegar a nuestras vidas, lleva tiempo y dedicación. En esos primeros días de visitas de familiares, amigos y profesionales de la salud, debe haber instantes de conexión de la madre (o quien cumpla el rol materno) con el bebito. Miradas, encuentros, descubrimientos que dan lugar a ese vínculo tan importante de amor. Luego, de más grandecitos, ese vínculo se alimenta con confianza. Cuando empiezan a querer desplazarse por sí mismos, cuando descubren sus juguetes y los hacen sonar repetidamente, cuando intentan decir sus primeras palabras, cuando empiezan el jardín de infantes… son todas situaciones de aprendizaje y son importantísimas las palabras de aliento y valoración que estimulen y reconozcan cada logro. Amor y confianza son prácticamente sinónimos en la infancia y el crecimiento de los hijos.

Educar en la confianza no es seguir una receta, es actuar desde los sentimientos más nobles que despiertan nuestros chicos. En todo caso, uno podría tomarse tiempo para pensar aquellos “tips”, analizar si nos sentimos cómodas haciendo eso o no y a partir de ahí hacer o no, sabiendo que ante todo debe estar el amor.

Amar a los hijos es confiar en ellos, demostrarles lo que cada uno, desde un lugar propio y muy subjetivo, puede. Y en esas etapas de la infancia que los hijos necesitan nuestra mirada atenta, estar, más que con la presencia física, con la MIRADA. Mirarlos con ojos atentos, gestos amorosos, palabras valiosas, encuentros que abracen. En tiempos que las relaciones están mediatizadas por dispositivos electrónicos, los niños siguen necesitando encontrarse en la mirada de los padres, no en la pantalla de sus celulares. Es la mirada tierna y revestida de amor de ellos, la que ubica a los niños en el lugar de hijos.

Como dice Maritchu: “En Criar hijos confiados, motivados y seguros hablo de la mirada enamorada de los padres, indispensable para una buena autoestima. La confianza en ellos va de la mano de que ellos puedan confiar en nosotros, eso es también una parte esencial del vínculo de apego seguro. Les permite jugar, alejarse, sabiendo que mamá o papá  están ahí, cuidan, se ocupan…”

Soy una convencida que, de nada sirve insistir en mostrar que tal o cual estilo de criar u objeto material hace mejores o peores padres, y niños más o menos inteligentes y seguros de sí mismos. La solución a la situación social que rodea la crianza no está en la exaltación de la infancia por medio de múltiples ofertas materiales. Aunque suene trillado, los niños necesitan sentir la estima de sus padres y la única receta para eso es el AMOR.

Me parece oportuno compartir estas palabras, porque tal vez ayude a repensarnos como padres; pero ante todo querría que ayude a repensarnos como hombres y mujeres de nuestros tiempos, para que podamos dejar la dependencia a lo material, a lo tecnológico, a la competencia, para ser y hacernos mejores personas.

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