EDUCAR

Ya algunas veces hablamos del aprendizaje: cómo evoluciona, sus características en la primera infancia, su desarrollo, el crecimiento, todo eso enfocado en la particular mirada de los niños. Ahora queremos posicionarnos del lado de quien enseña aprovechando la fecha del Día del Maestro, para aportar un pequeño análisis de lo propio de este rol y de la función de EDUCAR.

La educación tiene dos caras, o en realidad una multiplicidad de facetas de acuerdo a las particularidades de los actores allí presentes. Pero lo que hoy quiero aclarar es que existen esas dos partes de un mismo proceso: el aprendizaje y la enseñanza. Quienes creemos en la fuerza de todo acto de educación, sabemos que esos roles son flexibles, van y vienen momentos en que aprendemos y enseñamos.

Ya definimos el aprendizaje como una aventura, y aquí también tomamos ese concepto. Justamente porque no hay educación posible sin la concepción clara y firme de que nunca dejamos de aprender y eso implica un desafío hermoso. Desafío que tal vez no todos estén preparados para enfrentar, pero sin dudas atraviesa a todos.

La educación que acontece en las instituciones escolares tiene sus propias especificidades. Si bien la propuesta educativa puede estar pensada para todos, pensada universalmente, se lleva a cabo y se concreta de un modo particular de acuerdo a los actores allí presentes. Actores de todo proceso educativo formal son: maestros, alumnos, profesores, directivos, familias… cada uno desde el lugar propio del rol que lo convoca, pero todos abocados a ese particularísimo proceso de aprendizaje de cada niño. Con determinadas propuestas pedagógicas y didácticas, con sus métodos, recursos, estrategias, posibilidades, estilos… con creatividad a veces, con ideas y concepciones, con un bagaje de experiencias y vivencias propias de cada ser humano. Entre todo eso, sucede un encuentro, que a veces puede tener la forma de un lazo fuerte y otras no. Pero indudablemente se da un encuentro.

Cada actor de la educación va formando su recorrido, su trayectoria. Lo hacen los maestros y lo hacen los alumnos, cada uno va adoptando un estilo a medida que pasa el tiempo de la vida, mientras vamos creciendo. Y aquí es donde la definición de educación que más me ha gustado, toma real significado. Se las comparto: La educación como transmisión, nos invita a pensar la transmisión como…

“un legar, un decir, un portar, un llevar en parte y sólo en parte, donde es evidente que lo recibido requiere de ser modificado para que cada uno pueda inscribirse en las vicisitudes de la vida que le toca vivir. Por lo tanto, los cambios… son justamente el resultado de reconocer que los caminos que cada uno sigue no son exactamente iguales a los de quien lo precedió.”

Nicastro y Greco, “Entre trayectorias”, Homo Sapiens Ediciones.

Y más adelante en ese mismo libro, hablan de la escena educativa, aquel particular contexto en el que sucede la educación, en el que es necesaria la mirada, la palabra, la escucha…

Palabras, imágenes, trazos. Miradas que sostienen, manos que acompañan, gestos que habilitan, formas de encuentro que permiten reconocerse, espacios habitables, escuchas que permiten que otro hable, discursos que facilitan que otro sepa, se autorice, se interrogue, busque…”

Mientras releo ese libro, encuentro palabras que representan muchas de mis propias creencias y a medida que avanzo con la lectura, siento renacer aquel sueño adolescente que con fuerza y decisión pensaba que todo cambio era posible. Siento y creo que si apostamos a la educación, estamos apostando a un presente y un futuro mejor para todos.

No perdamos nosotros la capacidad de asombro y les estaremos mostrando a los niños que la vida puede ser muy linda si nos animamos a vivirla con sorpresa, admiración, coraje y ternura.

 

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