Madres imperfectas, madres reales

“Mi hija se despertó a las 4 de la madrugada, lloraba desde la cuna. Venía hacía unos días con tos y esos benditos mocos que nunca se van, pero no la llevamos al pediatra y nos mandamos solos con las queridas “nebus”. A esa hora de la madrugada, sin coordinar mucho mis acciones, le tomo la temperatura y tenía fiebre. Le doy el ibuprofeno, como nos dejó indicado el pediatra para estos casos. Toda esta historia, trae otro inconveniente: es necesario reprogramar el día porque así no puede ir al jardín. No es un buen momento para que yo falte al trabajo, así que necesito buscar ayuda. Por eso apelo a los abuelos, que siempre están unas horas disponibles para alguna urgencia. Pero como no pueden todo el día, le pido a la señora que nos ayuda en casa, que la vaya a buscar a lo de mi mamá y la traiga a casa al mediodía. Todo el día pendiente del celular para ver cómo está, para luego volver corriendo del trabajo, porque ya no aguanto tantas horas de comunicación sin poder ver yo misma cómo sigue. Ahí llamo al pediatra y me dice que la lleve al consultorio. Es como si la mirada y la palabra del pediatra me ubicara en la realidad; la indicación es la misma de siempre, tiene un simple estado gripal. Pero ¿qué de simple tuvo el día? Despierta desde tan temprano, arreglando quien podría cuidarla, durante el día con un cansancio terrible y unas ojeras que ya son parte de mí hace tiempo, pero con mil exigencias en el trabajo, con el celular pegado a la mano todo el día pendiente de cualquier cosa que le estuviera pasando.” (LAU)

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¿Algo en esta escena les suena conocido a ustedes? Seguramente somos muchas más de las que creemos, las que andamos corriendo todo el día, con situaciones parecidas a estas. Sí, somos mamás imperfectas, que no siempre podemos hacer todo como queremos, que muchas veces pensamos si habremos tomado una buena decisión a esa hora de la noche con un sueño terrible. ¡¡Celebremos esas imperfecciones!! Porque son las que nos hacen reales. Ni buenas ni malas madres, somos madres comunes y corrientes, con defectos, con inquietudes y dudas, despelotes aquí y allá, resolvemos los inconvenientes cotidianos como podemos. Nos hacemos preguntas, porque no tenemos certezas, por eso no andamos dando consejos.

“No hay recetas para ser mamá”, dicen muchas abuelas. Y es cierto, pero también muchas veces escuchamos y leemos a algunas madres mostrar recetas infalibles con pautas de crianza que les funcionan a la perfección. Permítannos dudar de esas certezas. Nosotras no nos creemos expertas en maternidad sólo porque algunas cosas nos hayan funcionado bien con nuestros hijos. Porque sabemos que lo que resulta con un niño, puede no resultar con otros. Ni la crianza ni la maternidad son una ciencia exacta.

Por eso nosotras asumimos este compromiso: mostrar la maternidad en todas sus caras, con las dificultades que a muchas se nos presentan y con las gratificaciones y alegrías también. No somos modelos, llevamos en nuestro cuerpo las consecuencias de los embarazos, las marcas de las cesáreas y se notan nuestras pocas horas de sueño; ¡¡pero nos reímos de eso!! No nos molestan las consecuencias físicas de ser madres, porque son la marca de lo más hermoso que nos ha tocado vivir como mujeres. No andamos por las redes sociales mostrando nuestros cuerpos super entrenados, ni mostramos platos de comida ultra light, ni exponemos a nuestros hijos a fotos y videos. Porque ellos no eligieron esto que hacemos nosotras en el blog, porque creemos que es otra forma de cuidarlos. Pero tampoco tenemos dominio absoluto sobre las cosas que nos pasan, porque existe un factor sorpresa muy grande en la maternidad. Hay muchas cosas que van sucediendo fuera de lo planificado o deseado. Y creemos que es eso lo que hace más entretenida la vida, la monotonía nos aburriría.

“Tantas veces nos levantamos con el día bien armadito y de repente todo eso planeado cambia. Ese plan que parecía perfecto, de dejar a los chicos en el cole y poder destinar tiempo a otras ocupaciones, de pronto se desvanece. O cuando a la noche ya acostados, empezamos a escuchar esa tocecita que se repite y nos despierta… ahí ya sabemos que ese próximo día no será como lo estábamos soñando, tendremos que pasar por el consultorio del pediatra. Esa persona que pasó de ser un total desconocido a la persona más fundamental en nuestras vidas, porque es su palabra la que nos importa más que nunca, cuando nuestros hijos están enfermos. Les cuento que mi vida transcurre hace un tiempo de consultorio en consultorio. Mi hijo hace fonoaudiología dos veces por semana y la especialista que me recomendaron no atiende cerca de casa. ¡¡Y no se imaginan la burocracia con la que se maneja la obra social para autorizar las sesiones!! Eso me lleva un tiempo extra y un desgaste de energías horrible. Los días que lo llevo a fono, mi hija menor se queda con la señora que trabaja en casa o las abuelas; porque es imposible ir con los dos.

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Además ando con consultas con un médico especialista del sueño por mi chiquita, que ya con 1 año y medio se resiste a dormir de corrido a la noche o incorporar pautas de sueño más ordenadas. Así que imagínense el cansancio con el que ando… Tengo la suerte de no estar trabajando actualmente y eso hace que pueda estar abocada a estas consultas con exclusividad. Así y todo, muchos días son de corridas, de dejar a uno en el jardín e ir a la otra punta de la capital con otro, o almorzar corriendo para poder llegar al turno de fono. No me creo especial por hacer todo lo que hago, porque sé que somos muchas las que nos repartimos los tiempos como podemos.” (NATI)

Sí, todas hacemos lo que podemos, y muchas veces resolvemos situaciones complicadas sobre la marcha, haciendo malabares. Sentimos que corriendo no todo sale como queremos, pero son ellos, nuestros hijos, los que nos impulsan a seguir e ir en busca de más. Porque todo lo hacemos por el bien de ellos. No hay nada más genuino que las buenas intenciones de las madres comunes. Creemos que esas imperfecciones nos hacen más lindas a los ojos de nuestros hijos.

madewithlove

Nosotras, cada una con su realidad, sabemos muy bien que no siempre todo es como queremos. No elegimos absolutamente todo de lo que nos toca vivir, pero podemos adaptarnos a esta realidad imperfectamente hermosa. Somos madres comunes y corrientes, con defectos y virtudes. Y queremos escuchar a más mujeres contando la belleza de sus imperfecciones como madres. ¡¡Ojalá sean muchas las que se prendan en esta propuesta!! Porque habremos dado mil pasos adelante en la comprensión de la maternidad hoy.

atrevete

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