La curiosidad en la infancia (y en la vida!)

Mucho podemos decir de la curiosidad en la infancia, pero ese impulso que nos mueve a conocer y saber más sucede a lo largo de toda la vida. Empecemos por explicar de qué se trata ser curioso y por qué eso impulsa los aprendizajes y el conocimiento. Les dejo además una reflexión final.

La curiosidad es mucho más que el deseo de saber, es el gran factor motivador en los aprendizajes y en las decisiones que vamos tomando en la vida. Es el motor del desarrollo, es lo que motiva todo intento de explorar el entorno y de intentar conocer.

En la infancia sucede naturalmente. Pero más allá de los primeros años de vida, suelen instalarse ciertos esquemas de acción poco flexibles. A veces la enseñanza obligatoria suele tomar ese estilo y terminamos accionando según esquemas conocidos. Sin embargo, siempre sigue siendo interesante observar aquello que sucede naturalmente: el asombro, lo novedoso, lo sorpresivo, lo inesperado, nos llevan a preguntarnos y allí está la curiosidad presente.

Además, juega un papel importantísimo en el desarrollo de las emociones, en la infancia y durante toda la vida. Es que en realidad, la curiosidad no es simplemente un deseo persistente de explorar o examinar el entorno. Es además una forma positiva de reaccionar a los estímulos novedosos, a lo no conocido. Claro está que no es algo esperable para todos por igual durante la primaria infancia, pero sí es sin dudas algo a observar y valorar.

Ser curioso es también hacerse preguntas. Y aquí podemos hablar mucho sobre esa sed de cuestionarlo todo de los niños pequeños.

Estar atento al entorno, observarlo y cuestionarse y cuestionarnos es indicador de que allí hay un niño con deseos de saber. Un niño curioso es un niño con intención, con ganas, con motivaciones. Un niño curioso es un niño intentando construir su propio lugar en el mundo.

Valorar la curiosidad de este modo nos permite dejarle lugar a todo ese flujo espontáneo que tienen los niños de ser creativos, de jugar y recrearse en su entorno. Valorarla es también dejarle lugar a lo propio de cada niño, a sus estilos y modalidades de aprender e interactuar, es respetar los tiempos de cada niño.

Hablo de emociones porque en todas esas preguntas y esas ganas de explorar, los niños están formando su estilo de habitar el mundo y allí están construyendo la propia estima. Entonces es fundamental estar, apuntalar, sostener, creer…

¿Y en la vida adulta? Sería sencillo decirles que podemos seguir siendo curiosos, pero lo cierto es que no es para nada sencillo. Pero podemos procurar seguir desarrollándola con intención y algo de dedicación. Es interesante analizar como los niños nos mueven a salirnos de lo ya conocido. Y con esto no quiero decir que tenemos que endiosar a nuestros hijos como salvadores del agobio adulto, sino que ese deseo irrefrenable por conocer más y más puede permitirnos ver más allá de lo cotidiano, contagiarnos de su entusiasmo para descubrirnos como creadores de una vibración única. Sí, podemos encontrar momentos, pero claro, no es sencillo… porque además implica enfrentarnos con todo lo que no sabemos y lo que no podemos resolver de inmediato. Pero… confiá!!

Quiero compartirles algo que me pasó y me pasa cada día, como mamá y con mi emprendimiento Jugar y Aprender – Didácticos, algo de lo que siento y lo que vivo que tal vez ayude a entender esos impulsos creativos que se mueven por la curiosidad.

“Una fuerza, un impulso que te mueve a la acción. Decidís jugártela y atravesar ese desafío. Dudas y miedos miles… pero vas para adelante porque sentís que esa fuerza natural te da frescura. La encarás y confiás. Y sale… un alivio y un nuevo impulso. Volver a jugártela cada día y seguir confiando…” (yo)

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