La crisis de los cuidados

“Lo que el discurso estándar oculta es que la “normalidad” de las jornadas de cuarenta horas semanales + guardería + una abuela para los apuros es no ya mejorable, sino directamente inaceptable.”

Carolina del Olmo, “¿Dónde está mi tribu?”

Desde que Muchas Madres era tan solo un sueño, tengo guardado un borrador para compartirles. Se trata de una reflexión sobre ser madre hoy desde una mirada social. No quiero meterme en un análisis sociológico de la realidad de estos tiempos, no es un terreno en el que esté preparada para hablar. Pero sí quiero ir más allá del día a día de muchas mujeres que se reparten el tiempo como pueden, entre el trabajo y la familia y que muchas veces, apelan a otras personas para el cuidado de sus hijos (abuelas, personal doméstico, niñeras, guarderías).

cuidar

La realidad socio- económica se impone sin pedir permiso en muchos hogares. En muchos casos, se hace indispensable que haya más de un ingreso para subsistir. Es frecuente observar familias enteras en estados de cansancio crónico, muchas madres agotadas, a veces desorientadas, funcionando como en automático día a día… Las teorías sobre crianza encuentran así un lugar propicio para dar mil consejos y hacer de éstos, postulados incuestionables. Todo eso a veces nos marea, nos confunde, no nos permite ver con claridad lo verdaderamente importante.

Muchas nos repartimos las horas del día entre ocupaciones que, como ya dijimos otras veces, son claramente antagónicas: los hijos y el trabajo. Ocupaciones tan opuestas y a veces tan difíciles de alojar de un modo que nos resulte armónico para nosotras mismas.

Necesitamos confiar en alguien el cuidado de nuestros hijos y necesitamos que esa o esas personas nos resulten justamente confiables. Aquí es donde nos sumamos una preocupación. Principalmente porque nadie va a cumplir la función de madre como nosotras, ni podrá cubrir las necesidades de nuestros hijos tal cual lo hacemos nosotras. Y ahí está un gran cuestionamiento por sortear: o alojamos en nosotras mismas la preocupación constante de cómo estará comiendo, durmiendo, jugando nuestro hijo, o soltamos eso y ocupamos nuestra cabeza y nuestro cuerpo al 100% al trabajo durante el tiempo que dure la jornada laboral. ¡¡Vaya desafío!! Nada de esto es tan sencillo como parece. En definitiva terminamos negociando con nosotras mismas, nos dividimos, sentimos que estamos aquí pero estamos allá y, en nuestra cabeza y en nuestros sentimientos, se entrecruzan sensaciones…

Una vez, una persona muy querida que es mamá, me lo explicó muy clarito. Es como esos televisores que te permiten ver dos canales en simultáneo. Uno en pantalla grande y otro en un rincón más chiquito. Solemos atender al más grande, pero ese más chiquito siempre está y en algún momento chequeamos que es lo que está pasando allí. Bueno, las mamás hacemos lo  mismo cuando estamos en el trabajo: la pantalla grande es lo que estamos resolviendo en el aquí y ahora en el trabajo y al mismo tiempo está siempre encendida la pantalla chica. Claramente, la telefonía celular ha hecho grandes cosas a favor de las madres, ya que nos permite saber cómo están nuestros hijos a través de un breve mensaje de texto, cuando ellos están al cuidado de un familiar o de personal doméstico. Y en el caso que los chicos vayan al maternal, los controvertidos grupos de whatsapp de madres.

Siempre hay imprevistos, olvidos, alternativas que solucionar y ahí estamos las madres trabajadoras con nuestros celulares bien cerca para estar al tanto de lo que sucede aquí y allá…

Creo que detrás de todo esto, hay un grito desesperado de apoyo, de acompañamiento. Por un lado, hay algo que debemos cambiar nosotras, pero sobre todo, es necesario un cambio social, una modificación de la mirada hacia la mujer actual. Necesitamos miradas empáticas, oídos atentos que quieran escucharnos. Y nada de esto lo digo por un reclamo hacia el sexo masculino, sino a nivel macro hacia la sociedad toda, hombres y mujeres. La misma que promueve derechos y obligaciones de los trabajadores, a esa misma sociedad le pedimos que mire y escuche a las madres. Tenemos mucho que decir.

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Necesitamos que se note que aunque no siempre estamos conformes con nuestras propias decisiones, seguimos adelante con todo por nuestros hijos. Las mujeres de otras generaciones también lo han hecho todo por sus hijos; pero estos tiempos están marcados por otra impronta. Por los valores que se exaltan como sociedad. El ambiente de competitividad e individualismo que impera en la actualidad, nada tiene que ver con lo que las madres necesitamos para criar a nuestros hijos. No queremos que el ambiente hostil que habita en las calles de las grandes ciudades, entre a nuestros hogares. Esto implica un gran esfuerzo de parte de quienes intentamos diariamente cierto estado de armonía en nuestras familias. Tomamos decisiones y resolvemos situaciones como podemos, pero lo hacemos con un amor inmenso. Por nuestros hijos.

LAU

“…Repensar el papel que ocupa la maternidad en nuestra sociedad y cómo queremos vivirla. Resocializar la maternidad, socializarla en otras condiciones más favorables, es lo contrario tanto de la reclusión neorromántica como de la externalización del cuidado. Es conseguir que los cuidados pasen a ocupar el centro de la vida política y económica.”

Carolina del Olmo, “¿Dónde está mi tribu?”

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