Sobre nuestras infancias

Tantas veces nos pasa que en reuniones con amigos o con hermanos o primos, recordamos momentos lindos vividos en nuestra infancia. Anécdotas divertidas, vacaciones en familia, cumpleaños, el primer día de clases, travesuras… Todas tenemos recuerdos de niñas que guardamos en algún rinconcito de nuestra memoria. Y siempre hay momentos en los que esos recuerdos vuelven, aún con todas las responsabilidades que una tiene como madre. Muchas de esas experiencias son potenciadas en juegos con nuestros hijos, como si de golpe recordáramos esos juguetes favoritos o esos rincones especiales donde nos encantaba jugar.

Intentaremos no ponernos demasiado nostálgicas, pero queremos contarles nuestros juegos de niñas, esas cosas que soñábamos ser y que a medida que fuimos creciendo le fuimos dando otras formas…

¡¡Cuántas veces las nenas jugábamos a ser mamás!! Muchas “Susanitas” había, que con seguridad decían “yo quiero ser mamá”. Aunque también muchas otras, fuera del molde pre- establecido para la época, tal vez las más jugadas, soñaban con ser artistas, actrices, bailarinas. Allí estaban latentes muchos de nuestros sueños ¡¡Cuánta fantasía había en esos juegos!!

Luego, en la adolescencia, esos juegos fueron tomando otras formas, pero siempre contábamos con alguna confidente. Y en esa etapa de la vida, fuimos apropiándonos de ideales y dándole forma de verdaderas batallas de las que queríamos salir victoriosas…

Alguna vez se preguntaron ¿cuántos de esos sueños se cumplieron?, ¿cuánto de eso que idealizábamos se hizo realidad?, ¿cuántos y cuáles de esos ideales adolescentes pudimos seguir sosteniendo en la vida adulta?

Sin dudas, el ser madre nos permite repensarnos a nosotras mismas a través de nuestros hijos. Hoy muchos de esos juegos vuelven para tomar nuevos matices. Hoy, como mamás, podremos jugar de otra manera, pero son muchas las veces que descubrimos que nuestra parte de niñas está viva y que nuestros sueños adolescentes siguen vigentes. Cuando jugamos en la arena como verdaderas constructoras de castillos, cuando les preparamos comiditas a tantos muñecos hambrientos, cuando nos manchamos junto a nuestros hijos dibujando y pintando con los colores más lindos, cuando nos sentamos con ellos a mirar en la tele sus dibus preferidos, cuando charlamos sobre “qué te gustaría ser de grande”, cuando nos cuentan de sus amiguitos del jardín, cuando juegan con los abus con el mismo amor que teníamos nosotras con los nuestros…

Queremos compartirles una partecita de nuestras infancias con estos relatos. De paso les mostramos algunas fotos de chiquitas, que nos permiten descubrir parecidos con nuestros hijos.

NATI:

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“Recuerdos de cuando era chiquita… tantas veces quería jugar más que comer, bañarme o ir a dormir. No había lugar a donde fuera que no encontrara algún cómplice de juego, aunque sea por un ratito nada más.

Mis juegos preferidos eran disfrazarme, siempre alguna prenda de mi mamá estaba presente, jugaba a ser mamá…. también me encantaba ir a la plaza. ¡Eso era lo más! Ensuciarse, terminar embarrada y feliz. Jugar en la calle era habitual. ¡Cómo cambió eso!

Mi compañera de juego inseparable era mi hermana, con ella planeábamos mil aventuras y travesuras. Los mejores recuerdos los tengo en la casa de mis abuelos maternos. Era el lugar en el que era posible jugar guerra de almohadas, patinar dentro de la casa, aprender a cocinar y siempre mirar un ratito mas de tele.

Memorables son los primeros encuentros con la tecnología, la famosa Comodor 64… hacíamos competencia de jueguitos a ver quien pasaba de nivel, o el jueguito del bote de Nintendo que fue regalo de un cumple. Esa noche de mi cumple con amiguitas, no dormimos esperando el turno para jugar y jugar sin parar…

Hoy con mis hijos ya puedo vislumbrar su amor por el juego en las largas horas de dedicación exclusiva a jugar. Pueden cambiar los juguetes y juegos preferidos, pero ellos todo el tiempo me retrotraen a mi infancia. Porque les pasan las mismas cosas, no quieren ordenar, quieren seguir jugando y no les divierte nada cuando ya es hora de ir a bañarse o a comer. Sus adultos preferidos son aquellos que vuelven a ser niños por un ratito cuando juegan con ellos.”

LAU:

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“Mis recuerdos de la infancia son todos jugando con otros, ya sean hermanos o primos. Siempre era un buen momento para inventar un nuevo juego. La casa de los abuelos era un lugar ideal, porque parecía que ahí casi todo estaba permitido. También las vacaciones, en la casa de mis abuelos en Miramar… ¡Uy! ¡Cuántos hermosos momentos vividos en esos veraneos interminables! Largas tardes arriba de la bici, días enteros en la playa, carreras de caracoles… ahí fueron mis primeras salidas de noche cuando era más grandecita. ¡En esos veranos todo era más lindo! Luego, en la vuelta a Buenos Aires volvíamos a la rutina con más ganas.

Jugábamos a ser mamás, maestras, a la oficina, a cocinar como en la tele, a las escondidas, a la mancha de mil versiones… hasta jugábamos al fútbol y al rugby con mi hermano. Me acuerdo de algunos juguetes que compartíamos, somos cuatro hermanos e inevitablemente, muchos terminaban rotos. Pero más que objetos concretos o juguetes, recuerdo estilos de juego, inventos que armábamos y que tomaban la forma del mejor juego del mundo.

Hoy con mi hija, los juegos son distintos, porque hay mucha oferta tentadora en el mercado de lo infantil; pero los estilos de juego son los mismos. Las visitas a la casa de los “abus” se convierten para ella, en los días más entretenidos, porque hay muchos mimos en forma de permisos. No me importa mucho eso, porque lo más lindo es el tiempo que puede pasar ahí con sus primos. La más chiquita de la familia, es para ella un bebé de juguete con vida y disfruta de acariciarla, darle la “mema”, ponerle el “chupe” y sentirse un poquito mamá. Tantas veces me veo reflejada en esos juegos… tantas veces me veo a mí de chiquita, con mil sueños e ideas creativas…

Sólo le deseo que esos juegos no terminen nunca… que tenga una infancia rodeada de aventuras y mundos nuevos por conquistar. El tiempo se encargará de hacerle ver que la vida está llena de responsabilidades, pero mientras tanto de niña, sólo quiero poder brindarle largos ratos de juego compartido, siempre con una hermosa sonrisa plena de felicidad.”

El tiempo que ha pasado entre que fuimos niñas y nos convertimos en mamás, fue rico para todas. Seguramente ustedes, nuestras queridas seguidoras, tienen anécdotas lindas para compartir. Las invitamos a hacerlo, dejándonos sus comentarios acá abajo.

Las experiencias de cada una podrán ser distintas, pero todas guardamos con cariño recuerdos vividos en la infancia. Confiamos en la diversidad de esas vivencias porque son las que nos fueron formando, moldeando y convirtiendo en las mujeres que somos ahora. Nada es definitivo, siempre hay tiempo para seguir creciendo… día a día seguimos aprendiendo.

¡¡Siempre hay tiempo para jugar!! ¡¡Es tan lindo sentarse en el piso, caminar descalza y explorar nuevos mundos junto a nuestros hijos!!

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