El destiempo de una pérdida

Hay tiempos que transcurren de otros modos. Tiempos que nos hacen descubrir un destiempo, que nos corren la atención de lo cotidiano y nos ubican en la vida con otra mirada. Hay experiencias que dejan marca. Sin dudas, la maternidad es una de ellas, pero la pérdida de un embarazo es algo tanto más fuerte… como un torbellino que corre todo de lugar, que desubica, que duele, que desgarra y regenera. Duele mucho, muchísimo, pero permite reinventarse, buscar algo más que nos trascienda.

Algo así me pasó. Viví experiencias muy fuertes, que me dejaron sin palabras, sin poder hablarlo. Aún sigo intentando procesar todo lo vivido, pero puedo decir que algo de todo eso, me está permitiendo descubrir nuevos caminos.

Perdí un embarazo. Un embarazo que, si bien venía complicado desde el principio, me mantuvo esperanzada y llena de optimismo hasta recibir la noticia de que el embrión ya no tenía latidos. Luego de eso comencé con una serie de estudios y consultas médicas que dejaron en evidencia un cuadro de extrema gravedad. Me enteré que ese embarazo detenido era de riesgo porque el saco embrionario estaba implantado sobre la cicatriz de la cesárea. Un diagnóstico como “embarazo ectópico de la cicatriz” (pueden encontrarlo también como embarazo ectópico sobre la cicatriz de cesárea previa, o en inglés cesarean scar pregnancy) poco frecuente me decían, pero de riesgo. Fue necesaria una intervención para extraerlo, pero antes pasé días de dolores muy fuertes que me dejaban agotada.

No quería saber el motivo ni detalles del diagnóstico en estos términos. Pero hablando luego con mis médicos, me enteré que la gravedad residía en la posibilidad de perder el útero o mucho peor, mi vida. Debo ser agradecida que nada de eso sucedió, pero los sentimientos son otros. Bronca, tristeza, desconcierto, miles de preguntas, incertidumbre y esperanza, sueños… muchos sueños muy significativos. Descoloca, abre muchas preguntas, preguntas que quedan así abiertas, sin respuesta. Genera espacios y tiempos para pensar la vida, los deseos, los anhelos, para reubicar las energías, ordenarlas para que no anden por aquí y por allá alborotadas. Incertidumbre porque nadie tiene comprado el stock completo de momentos felices en la vida y es imposible pensar que aquello que tanto dolió no volverá a repetirse… y a eso se le suma, una espera, necesaria, para que todo se acomode. Atrapada entre consultas médicas, estudios, noticias que abruman, nada se veía con claridad. Pasado eso puedo decir que algo también gané, pero quedan muchos miedos. Según me fueron informando los médicos debo esperar a que mi útero esté en condiciones, de alojar una nueva vida. Y aquí y así estoy, en este otro tiempo, que intento sostener con esperanza…

Entre recorridos médicos y estudios, escuché consejos varios, miradas médicas poco certeras y otras muy comprometidas. Hubo palabras de aliento que lejos de animarme, me hacían llorar más. De golpe la vida da esos sacudones… entre aturdida y mareada, me deja tambaleando con todo lo que creía hasta el momento, para replantearme tanto…

La maternidad nos hace crecer, pero la pérdida de un embarazo nos pide a gritos algo más. Y la búsqueda de ese deseo de ser madre, da lugar a muchos replanteos, a nuevas reflexiones, diferentes posturas. En este tiempo, releí a Luciana Mantero y me emocioné mucho más con esta segunda lectura. Les comparto un lindo fragmento de una de las protagonistas de su libro, que va justo con lo que siento:

“Si escucháramos más historias de mujeres, si habláramos más de nuestras pérdidas, podríamos suavizar el miedo, el desconcierto, tener un marco de contención para emprender el proceso de la vida. Dejar de pensarlo con omnipotencia y entenderlo como algo más impredecible, como un misterio, también como un milagro.”

Quisiera que esto que comparto tenga un fin informativo, que se conozcan más algunos diagnósticos. Pero también quisiera invitar a que se tome un poco más de dimensión al comunicar, porque siempre, puede haber alguien para quien no sea lo mismo que ciertos temas se tomen con liviandad. Espero que la historia que comparto sea un disparador, para repensarnos a nosotras mismas como generadoras de vida. No hay nada más valioso que estar vivo y depende de uno mismo poder hacer de la vida algo mucho mejor que una simple sucesión de acontecimientos. Deberíamos ser más fieles a nosotras mismas, más que a ninguna teoría o consejo; para poder, desde una mirada más genuina, tratar la vida con más respeto. Dejémonos maravillar más por la vida, soy una convencida de eso.

Se puede construir mucho más desde una mirada un poco menos omnipotente y narcisista del ser mujer. Mirémonos a todas nosotras, al género femenino, con más ternura. Miremos más a nuestro alrededor. Creo que más que agudizar la mirada, debemos mirarnos con más empatía y respeto. Seguramente encontraremos mujeres muy valientes, que enfrentan consultas médicas y consejos de lo más variados y siguen adelante, en ese destiempo, por ese gran deseo de ser mamá. Tomemos el rol de comunicadoras con más seriedad y compromiso, porque del otro lado de la pantalla hay muchas mujeres que sufren, a veces en silencio, por ese sueño truncado.

Si dejáramos a un lado nuestra fantasía de mujeres omnipotentes, tal vez podríamos vivir felizmente sorprendidas por la belleza de la vida. Construyamos un mundo más empático, al menos hagamos eso entre las mujeres y podremos dejarles algo mucho mejor a nuestros niños.

Gracias a quienes entiendan y nos sigan en esta cruzada a favor de la vida!!

Gracias a quienes supieron estar respetando mis silencios!! Y quienes necesiten escucha, sepan que acá estoy sintiendo con ustedes con una experiencia de vida tan difícil como la que les comparto hoy.

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