Día de la Mujer

Las mujeres de nuestras vidas: amigas, hermanas, sobrinas, tías, cuñadas, suegras, abuelas, mamás, hijas. Con todas vamos caminando la vida en distintos momentos.

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Algunas nos han dejado un sello particular, de esas huellas que siempre vuelven en forma de recuerdos, con otras compartimos nuestro día a día. Con algunas hemos vivido los momentos más significativos. Con algunas nos hemos encontrado caminando juntas la maternidad. Con otras compartimos la infancia, crecimos y siguen siempre presentes.

Anécdotas con nuestras abuelas, historias con sensación a otros tiempos, con olorcito a torta y merienda hecha en casa, con herencias de esas que marcan fuerte nuestras vidas.

Conversaciones de hermanas, nuestras primeras confidentes, a quienes les contamos nuestros primeros secretos, y con quienes ahora siendo madres, compartimos tardes de mate y sobris revoloteando.

Amigas, de toda la vida y de hace poquito. Ellas son las que escuchan, están, ayudan, acompañan; con quienes lloramos juntas y también nos matamos de la risa, con quienes también nos juntamos a jugar, a soñar y proyectar ideas.

Mamá, ella sí que merece una mención aparte. Ella nos ayuda, nos enoja, nos alegra, nos escucha llorar, gritar y patalear y sabe que después de eso viene el consuelo y la calma… Hemos pasado de decirles “mamá” a decirles “abu”. Crecimos, pero queremos siempre un poquito más de ellas. A veces ocupan nuestro lugar en reuniones en el jardín, en turnos médicos, en paseos. Nos hacen pensar en el paso del tiempo, en el cambio de roles, en la vida en continuo cambio.

Tías, primas, cuñadas, suegras, compañeras de trabajo, mujeres todas que nos hacen ver caminos no conocidos.

Sin alguna de ellas nada sería igual…

Pero sin dudas, las que nos cambiaron para siempre fueron las más pequeñas, nuestras hijas. Ese mundo tan particular de ser madre de una nena… Desde el día que nacieron todo lo que creíamos de nosotras mismas pasó a tener otra dimensión. Porque está siempre la mirada de ellas atentas a lo que hacemos, a nuestros gestos, nuestros tonos al hablar, nuestra forma de vestirnos, de peinarnos, nuestros gustos, nuestras ocupaciones. Hay algo muy especial que, sin darnos cuenta a veces, trasmitimos a nuestras hijas. Son valores, ideales, sueños, metas. Enseñarles a valorarse a ellas mismas antes que nada ni nadie, trasmitirles que en ellas está latente algo maravilloso: la vida. ¡Cúanto tenemos para enseñarles a ellas, nuestras chiquitas!

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Dar vida no es tarea sencilla, pero nosotras sabemos ponerle vivacidad, alegría y entusiasmo a los distintos ámbitos que nos tocan transitar.

Dar vida no es tarea sencilla, pero nosotras lo hicimos. Acá estamos todas nosotras, ya somos muchas y nuestra voz sí que está sonando fuerte. Por eso, tomamos nuevamente la cita de Luciana Mantero, que ya es un pilar en nuestra red de madres:

“Hay un conocimiento de las mujeres en masa, un murmullo de voces amorosas, que vale la pena escuchar.”

El mundo todavía necesita escuchar más, más voces femeninas, más miradas de madre, más caricias de abuela.

FELIZ DÍA!! FELIZ VIDA!!

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