Que haya juego…

Que haya juego, que todo lo que importe a un niño sean sus tiempos de juego, que el juego los haga siempre felices.

Que haya juego, que los años de la infancia transcurran entre juegos, que muchos niños crezcan entre juegos, aprendizajes y descubrimientos…

Que haya juego, que aprender sea un juego y que crecer también lo sea…

Sí, que haya juego es decir que hayan muchos niños felices… porque en la vida de un niño todo está en juego. Están las habilidades, las emociones, las ganas de descubrir el mundo. Por eso el juego es un tema que nunca se termina, porque tiene mucho de lo propio de cada niño y de su vida.

Se habla del juego desde el consumo, de la posibilidad de los niños de jugar con materiales novedosos. Se habla de los juegos sin tecnologías, que fomenten más la iniciativa de los pequeños. Pero no se mencionan ciertas simplezas que rodean al juego y hacen de un juguete o material cualquiera, algo significativo para un niño. Ante tanta oferta, es importante llegar a ver qué es lo que hace de un juguete, un juego didáctico:

− La posibilidad de aprender algo de la interacción con ese objeto, por lo cual hasta una caja de cartón puede ser un gran juguete en tanto implica un descubrimiento.

− Que ese objeto plantee un desafío a resolver, ya que son los conflictos los que mueven todo el conocimiento. Por ejemplo: arrojarle una pelota a un pequeño que está empezando a dar sus primeros pasos.

− Que los aprendizajes propios de esa edad o etapa madurativa estén presentes. Un juego de encastre implica el despliegue de habilidades motrices por ejemplo.

− Cuando un niño está transitando la etapa de juego simbólico, todo material que se le ofrezca será parte de sus escenas de juego. Por lo cual en esta etapa son muchas las habilidades que se pueden abordar a través del juego

− Que enseñen también hábitos de cooperación, de respeto y confianza, para lo que son muy bueno los juegos de mesa con reglas o consignas que se comparten.

− Algo fundamental de lo que no siempre se habla es la posibilidad de jugar con alegría. Sí, los juguetes trasmiten emociones, y enseñan a vivirlas…

Francesco Tonucci dice que al juego lo mueve el motor más fuerte de la vida, el placer y que es patrimonio de la infancia y por eso tiene algo de omnipotencia para el niño. Es la forma que ellos tienen de conocer el mundo e identificar sus propias acciones sobre él. Por esto la importancia de darle lugar y tiempo al juego, en casa y en la escuela. Para que todo aquello que cada niño pueda desplegar, se ponga en juego.

Desconectemos de obligaciones, de urgencias y tiempos adultos, para conectarnos con nuestros niños desde las emociones y desde el juego.

Vamos a jugar! : )

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