Juego e infancias hoy

“La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. Acaso sea lícito afirmar que todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando a las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él.”

Freud, “El poeta y los sueños diurnos.”

El juego es a la infancia, lo que la palabra es a la vida adulta.

Los profesionales que trabajamos con niños sabemos que la mejor manera para llegar a ellos es jugando, hacernos compañeros de juego, adaptarnos al transcurrir de las escenas de juego cuando las logran ellos mismos, o ser mediadores entre el juego y los niños cuando lo requieran.

La hora de juego diagnóstica es una técnica que permite acercarnos a lo que vive, siente, atraviesa cada niño en su infancia. Consta de una caja con juguetes dentro, los cuales son pensados y elegidos para facilitar el despliegue de las posibilidades simbólicas del niño. En ella es indispensable que haya: muñecos pequeños, autos o móviles, animales, kit de cocina (con platos, vasos, cubiertos, ollas, comiditas), bloques o material de construcción, masas, algún juguete de encastre (rompecabezas o baldes de formas), una pelota pequeña, cartuchera con algunos lápices y hojas, también puede agregarse algún cuentito. Algunos de los juguetes pueden variar de acuerdo a la edad del niño y la oferta debe ser variada pero no abundante. La selección de los juguetes tiene como fin el desarrollo del estilo de juego propio y el despliegue de escenas habituales. Permite observar la modalidad de acercamiento e interacción con un material nuevo que remite a los juguetes que tienen habitualmente.

Para el saber popular, podría parecer que todos los niños juegan, pero no es así… hay niños que desarrollan largos ratos de juego exploratorio sin armar escenas de juego, hay otros que manipulan estereotipadamente materiales, hay otros que ponen palabra nombrando cuanto juguete encuentren. Hay juegos temerosos, juegos desordenados, juegos que angustian… Hay niños que juegan parados, niños que juegan desde el piso, niños que lo hacen desde la silla, hay niños que juegan caminando en un deambular continuo. La modalidad de juego no es una única para todos. Por eso para conocer a un niño es necesario disponerse (en cuerpo y alma) a jugar y observar el devenir propio de ese juego.

Conocer las vicisitudes de la vida de todo ser humano lleva tiempo, lleva escucha, mirada atenta. En la infancia esto se potencia; es necesaria mejor escucha, mirada más atenta, tiempo de calidad. Es necesario observar y acompañar, dejar hacer y ser sostén, para habilitar que lo genuino de cada niño aparezca, se despliegue, se resignifique. Los profesionales “psi” abrimos la puerta para ir a jugar todos los días y dejamos lugar para un encuentro. Si el vínculo que se crea lo permite, será posible conectarse desde una cierta intimidad para conocerse y encontrarse, y habilitar la posibilidad de ese niño de poner en juego sus malestares.

“Abrir la puerta para ir a jugar” remite a ese particular espacio que se construye desde el vínculo, donde lo singular de cada uno aparece y se pone en juego.

Como les he dicho algunas otras veces, para conocer a un niño es necesario disponerse a jugar, dejarse llevar por el devenir propio de ese juego. Y para desentramar las problemáticas que atraviesan algunos, es importante construir una mirada flexible y abierta, una escucha atenta, una postura tanto física como emocional, cierta empatía… y sobre todo muchas muchas ganas de acompañar el crecimiento y el desarrollo de esos niños que a veces, desde el cuerpo y desde el silencio, piden a gritos ayuda.

No quisiera generar temores o inseguridades con estas orientaciones que les comparto. Mi intención es ayudar a los adultos de hoy a reflexionar, a tomar conciencia que de nada sirve vivir acelerados o hiperconectados con el mundo virtual. Debemos poner una pausa a todo eso que sentimos que es impostergable, para no postergar más la conexión con nuestros niños. Es necesario pensar más las infancias de hoy, sin todo ese entorno marketinero, llenando sus vidas de verdaderos encuentros amorosos. Lo que los niños necesitan es eso: AMOR ♥.

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