Sobre los cambios en la escolaridad

Somos muchas las que, en algún momento tenemos que tomar la decisión de cambiar a nuestros hijos de jardín, del maternal al jardín de un cole. Si necesitamos dejarlos en el jardín desde bebitos, eso inevitablemente sucede, ya que pocos colegios tienen la opción de maternal dentro del jardín.

El momento de elegir un jardín para nuestros hijos en sala de lactarios o deambuladores tiene sus particularidades. A las sensaciones encontradas que genera ese momento de despegue, se le suma la elección de un jardincito que nos resulte confiable, que nos aloje y escuche como familia dejando a nuestro bebé por algunas horas en aquella institución. Ya hablamos de ese proceso de búsqueda en un post de hace tiempo, con las experiencias de varias mamás. Lo pueden leer acá.

Es común que los maternales, sobre todo en las primeras salas, centren más la propuesta en el cuidado que en lo estrictamente educativo. Pero, al cabo de un par de años, esa oferta se agota y debemos hacer el cambio hacia el jardín de un cole. En eso nos queremos centrar ahora: en la transición de una institución a otra. Reflexionar juntas sobre lo que puede significar, para nosotras y para nuestros hijos, despedirnos del lugar que los acompañó en sus primeros pasos y entrar a ese nuevo mundo de los más grandes, con nuevos espacios por descubrir y con nuevas adaptaciones por vivir. Es ésta también una invitación a pensar en la educación que queremos para ellos. Pero también es un momento que nos lleva a reflexionar varias cuestiones más: los cambios, el crecimiento de nuestros hijos y nuestro rol al acompañar su escolaridad.

Hoy en día existen distintos tipos de colegios, con distintos enfoques pedagógicos, distintas propuestas y carga horaria. Lo importante es tener claro nosotras qué queremos y orientar la búsqueda con algunas ideas previamente pensadas.

En primer lugar, saber qué es lo que esperamos que esa nueva institución nos dé. El jardín maternal tiene ciertas flexibilidades en cuanto a horarios de entrada y salida, que no encontraremos en el jardín de un colegio. Pero, la diferencia principal es que en las primeras salitas del maternal, la mirada está puesta en cubrir las necesidades de los pequeños, son los docentes quienes se adaptan a las demandas de los bebés. En cambio, de más grandecitos y en los colegios, la modalidad se orienta hacia la aceptación y adaptación de ciertas normas institucionales que atraviesan toda la trayectoria escolar. Hay algo institucional que traspasa todas las situaciones individuales y atraviesa a todos por igual. Todo eso está comprendido dentro de lo que se llama Ideario Institucional y en el Proyecto Pedagógico, que son las bases de toda institución educativa seria y con un trabajo comprometido con la educación.

Lo más apropiado es plantearle a la nueva institución elegida lo que esperamos de ella, en cuanto a calidad educativa y a valores más allá de lo académico. En la medida que aquello esté claramente planteado desde un comienzo, podremos evitarnos grandes malos entendidos. Aunque, debemos estar preparados también para que no todo suceda tal como lo esperamos, porque las instituciones están hechas por varias personas y no todas tienen siempre criterios idénticos entre sí. Seguramente muchas de ustedes tendrán alguna anécdota con la escolaridad de sus hijos y algunos malos entendidos con las instituciones elegidas. No es nada extraño porque, por mucho que busquemos buenos colegios, no vamos a encontrar uno en el que todo suceda de forma ideal. Sería para dudar si algún colegio se vende así…

Por esto, queremos proponerles que pensemos por un momento en cuáles son nuestras expectativas, fantasías, creencias que pensamos como ideales en la crianza. Y en esta reflexión, debemos tener presente que un colegio no es lugar de cuidado sino un espacio para aprender. Es decir, que nadie va a hacer de mamá de nuestros hijos mientras estén en el colegio, lo que sí pueden y deben hacer es tratarlos con cariño, con dedicación y verdadera vocación por la enseñanza y la infancia. Nuestras concepciones sobre la crianza pueden o no ser acordes con lo que propone la institución educativa como proyecto pedagógico- didáctico. En todo caso, está en nosotros como padres la elección de otro tipo de educación formal para nuestros hijos. Debemos considerar que el cambio de colegio es siempre una posibilidad que está en nuestras manos.

Es cierto que algo de lo que nosotras, las madres, sabemos es del cambio. Criar es también convivir con los cambios, con todo lo que no es estático. Y educar es dar, dejar un legado, con compromiso, pero sabiendo que aquello que se trasmite será tomado de una forma particular y única por cada persona, que también será modificado. No hay educación seria sin compromiso, como tampoco la hay sin la conciencia de que aquello que trasmitimos requiere de ser integrado de un modo particular por cada niño, en su evolución constante y en su propio proceso de aprendizaje.

Vivir es también equivocarnos y aprender del mientras tanto. Enseñémosle eso a nuestros hijos con amor. Está en nosotros, los padres, trasmitirles enseñanzas de vida, en experiencias que trasciendan lo cotidiano, lo rutinario, para dar lugar a ese otro lugar de aprendizaje formal con todas sus especificidades: la escuela.

Written by

Deja un comentario