Entrevista a Gloria Husmann: “La torpeza emocional”

Dedicarle tiempo a la lectura es algo realmente valioso. Cuando uno se encuentra con libros que invitan a reflexionar y pensar, esos momentos son casi sagrados. Hay libros que invitan a tomar posiciones, como con el de Gloria Husmann, “La torpeza emocional” de Editorial Del Nuevo Extremo. Por eso quiero compartir algunas reflexiones y conversaciones que mantuve con su autora.

LAURA: Quería aprovechar este espacio para poner en común algunos temas interesantes que surgen a partir de la lectura de tu libro. Siento que es de esas lecturas necesarias en estos tiempos. Vivimos tan acelerados, tan hiper- informados, que a veces no hay tiempo de parar y pensarse… pensar las propias acciones. Está claro que la información no es equivalente a inteligencia, ¿cuánto de esta hiper- información de nuestros tiempos creés que incide en la estupidez emocional?

GLORIA HUSMANN: Parafraseando a Juan Pablo Berra, hay tres factores que afectan a la comunicación: la velocidad, la extensión (multiplicadas en los últimos años de una manera tremenda) y la profundidad, que en nuestro caso humano sería la reflexión y que se ve disminuida a la par que las primeras dos crecen. Esto incide en nuestra estupidez emocional porque tenemos mucha información que muchas veces no es constatada ni chequeada, pero todo el mundo se apresura a difundirla o contrarrestarla sin darse la posibilidad de reflexionar: este es el espacio que rellena la torpeza emocional, la falta de reflexión.

LAURA: Qué interesante!! Me parece también muy bueno el recorrido histórico que hacés del concepto de inteligencia. ¿Creés que el concepto de inteligencia emocional, es la definición característica del hombre de hoy en día? ¿O es el de torpeza emocional?

GLORIA: Si nos basamos en la pregunta anterior, el hombre está más informado pero en detrimento del ejercicio de gerenciamiento de sus emociones. Desde el criterio cognitivo el hombre es inteligente pero comete muchas torpezas emocionales ¿Por qué? porque este exceso de información que tenemos y esta necesidad de estar al día con la respuesta en el momento (tiene mucho que ver con el concepto de pos- verdad) hace que le demos valor a la información cercana a nuestra creencias, con lo cual las torpezas son enormes.

Lo peor es que esto sucede en ámbitos donde supuestamente hay cierto criterio de credibilidad. Se bajan criterios muy errados por ejemplos desde los medios de comunicación. Si bien la torpeza emocional no es la característica del hombre podemos pensar que la sociedad actual se está inclinando a la torpeza emocional porque se enfoca en la información y no en el conocimiento.

LAURA: Coincidimos en que la habilidad de algunas personas para hablar de los temas más variados no es sinónimo de inteligencia. Es interesante encontrar que estos “opinadores”, “psicólogos amateurs” y hasta diría “justicieros de la buena conducta” se multiplican cada vez más. ¿Con qué creés que tendrá que ver? Siento que entre tantas voces se pierde el valor de las opiniones profesionales, con el riesgo que eso puede llegar a significar… ¿cuál es tu opinión sobre esto?

GLORIA: Hoy se perdió el valor de la palabra científica o profesional. Los periodistas especializados por ejemplo ya no existen, salvo algún periodista político o económico, se han convertido en panelistas u opinadores. En un programa de televisión, los panelistas pasan por todos los temas, desde actualidad, espectáculos, no hay peso científico o profesional que se valore para constatar. Estas tres preguntas vienen enlazadas. Tienen que ver con la misma problemática: la velocidad, la superinformación no corroborada y la falta de profesionalismo para emitir las opiniones y que estas tengan un criterio de credibilidad.

LAURA: Debo decir que al leer tu libro, me atrapó el análisis de la empatía en estos tiempos. Muchas veces siento que desde allí se puede pensar el cambio social que muchos soñamos. Quería que compartas acá un poco de lo que desarrollás en tu libro sobre este tema.

GLORIA: Me gustaría aclarar dos conceptos. Primero que la empatía no se trata solo de ponerse en los zapatos del otro, también tiene que ver con reconocer las propias emociones para poder hacerlo. La empatía es ponerse en el lugar del otro después de reconocer mis propias emociones. Y después un concepto muy importante es el de validación, porque tenemos la tendencia a descalificar lo que el otro está sintiendo y la validación se trata de darle valor a lo que el otro siente aún si no lo compartimos. Es muy común decir “no te podés poner así por eso” y sí, todo el mundo puede ponerse como puede ponerse y no debemos descalificarlo ni juzgar. Nunca se juzgan las emociones, los juicios podemos juzgarlos pero no las emociones.

Un bebe desde los tres meses empieza a desarrollar la empatía a partir de sus interacciones con los adultos. Yo muchas veces veo un bebe chiquito, le sonrío y él me sonríe. Mientras todos se sorprenden yo se que él está haciendo uso de sus neuronas espejo, lo que está haciendo es imitando lo que ve en mí. Este es un concepto de empatía que se comienza desde los 3 meses pero en cada edad de la vida hay condiciones para que se desarrolle. En los primeros tiempos quien cumpla el rol de mamá va a tener un papel importante en el desarrollo de la empatía pero lo sigue el papá y se puede seguir desarrollando en cualquier momento de la vida. Algunas de las condiciones que ayudan a esto es empezar a trabajar la escucha activa, escuchar al otro con toda la atención de lo que está diciendo, escuchar sin criticar.

LAURA: Es muy interesante!! Como el capítulo sobre la alfabetización emocional. Creo que plantea un tema amplio, que tiene que ver con los estilos de criar y educar. Más que pensar en teorías de moda, es necesario conectarse desde las emociones. Teniendo en cuenta en donde está parada la sociedad en torno a este tema, ¿por dónde creés que será posible el cambio? ¿Qué es posible hacer para que los niños sientan otras emociones? Y no sólo el apego o la libertad excesivas…

GLORIA: Este es el verdadero desafío de los padres. Porque los padres no nacemos sabiendo y tenemos que enfrentar el desafío que cada hijo presenta. Ha sido tan profundo el cambio de los últimos años que los padres están casi temerosos con la conducta de sus hijos y los niños se comportan de un modo especular convirtiéndose en un desafiante. Hoy se ha perdido algo de la asimetría y el chico siempre necesita de un adulto que tome decisiones por él hasta que él las pueda tomar por sí mismo. La función del padre es ejercer una autoridad, a pesar de la mala prensa de la palabra, poner límites para proteger, para decirte hasta donde podés llegar.

Pareciera que en este momento a los padres les cuesta más poner límites porque consideran que darle libertad a los niños es dejarlos hacer lo que quieran. Un niño que no tiene un adulto actuando como un adulto a su lado no está teniendo libertad, está solo. Pretender que el chico se maneje por sí mismo cuando no tiene la edad ni las condiciones emocionales para hacerlo es abusivo, es un abuso. El padre tiene que hacerse cargo de su rol de papá (aquí hablo del que ocupe el rol de autoridad).

LAURA: Como Psicopedagoga veo a diario decisiones que los padres toman por sus hijos justificados en que será lo mejor, aún cuando uno cree que no lo es y muchas veces no hay escucha de estos consejos profesionales. Pienso en lo que vos mencionás acerca de la frustración… y ¿cómo será posible hacer ver que una cierta dosis de frustración tal vez alimente otras tantas emociones y habilidades propias de inteligencia emocional?

GLORIA: En este trabajo tenemos que participar los profesionales y jugar el rol antipático para hacer entender que decir un “no”, es tal vez el mejor regalo que le podés hacer a la vida de un chico. El “no” no siempre es negativo, aunque sea una contradicción, el “no” muchas veces es el camino que nos impide caer al precipicio. Sabemos que intentar que un chico no se frustre ni que tenga contacto con la frustración es hacerlo vivir en una mentira y quitarle las herramientas que necesita para sociabilizar con otros. Pequeñas dosis de frustración pueden ser: esperar un tiempo, esperar un turno, enseñarles a escuchar, a no arrebatar la galletita… pequeñas postergaciones que les enseñan a respetar su espacio y el de los otros.

LAURA: Excelente lo que decís!! Esto nos lleva a pensar el lugar de la educación en emociones y el lugar de la escuela de hoy. En tu libro mencionás algunas buenas ideas para trabajar las emociones dentro de la rutina áulica. ¿Querés compartir algunas?

GLORIA: Es muy importante que el maestro tenga una buena emocionalidad y haya aprendido a gerenciar bien sus emociones. Desgraciadamente en este momento, en muchas áreas de la educación, el maestro no está motivado y entonces le es muy difícil motivar. Pero no  nos olvidemos que la escuela es una caja de resonancia de lo que pasa en la casa y en la calle, todo lo que envuelve al ámbito es una caja de resonancia y así repercute.

Es un desafío educar en la resolución de conflictos a través del diálogo y la escuela es un lugar maravilloso para hacerlo. Por ejemplo si le enseñamos a los chicos a través de juegos, un ejemplo que doy en el libro es una caja de emociones, a identificar las diferentes emociones. Muchas veces los adultos decimos “me da cosa” y no logramos identificar qué es esa “cosa”… ¿es angustia, miedo, rabia? Entonces si los chicos a partir de lo que sucede en el aula pueden aprender a identificar sus emociones, están trabajando en ese sentido.

Así también podríamos trabajar el tema del bullying y comenzar a pensar en cómo siente el otro y cómo se relaciona con cómo me siento yo.

LAURA: Una expresión que me gustó mucho fue la de “aprender a comunicarse emocionalmente”, que abarca tanto a grandes como a chicos. A modo de cierre, ¿querés hablarnos un poco más de eso?

GLORIA: La base está en la importancia de reconocer y administrar, modular, las emociones para que no te desborden. Tenemos que aprender a diferenciar las emociones que hoy no estan diferenciadas: confundimos alegría con actitudes maníacas, tristeza con depresión, el rencor lo confundimos con justicia. Para poder llegar a una mayor inteligencia emocional y poder enseñar a enfrentar conflictos y a canalizar los sentimientos que acompañan estos conflictos, vamos a poder destrabar el tema de tanta violencia, aprendiendo a confrontar. Pero reconociendo cómo manejar el enojo, podremos llegar a resoluciones positivas, directamente vinculadas con el desarrollo de la empatía y el control de los impulsos.

LAURA: MUCHAS GRACIAS!!

Espero que las palabras compartidas con Gloria Husmann los atrape y estimule el interés por la lectura de este libro, que brinda un análisis y una mirada que invitan a la reflexión y a posicionarse de un modo particular en la vida en sociedad.

Nos encontramos entre lecturas!!

Written by

Deja un comentario